Tras mi largo año sabático para viajar por Sudamérica entre 2015 y 2016, solicité colaborar con la Red Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes Epidémicos (GOARN) de la OMS en la crisis humanitaria de Haití, tras el devastador huracán Matthew. En octubre de 2016, el huracán destruyó la mayoría de las viviendas, centros de salud y fuentes de agua, además de provocar inundaciones. Esto, a su vez, conllevó el resurgimiento del cólera y otras enfermedades transmitidas por el agua contaminada. Cuando llegué en febrero de 2017, las necesidades más urgentes relacionadas con el suministro de agua potable se estaban cubriendo gracias a una movilización internacional masiva, y el brote de cólera estaba bajo control. Observé que también aumentaban los informes de casos de diarrea con sangre en las provincias del sur. Junto con otros colegas de organizaciones internacionales, organicé dos investigaciones en las provincias del Sur y Grand’Anse, que revelaron una epidemia masiva de disentería. Esta epidemia se desarrolló simultáneamente con la de cólera, pero debido a que todos estaban centrados en el cólera y a la vigilancia inadecuada, no se gestionó correctamente.
¿Por qué importa?
En una situación de crisis humanitaria, existen muchas necesidades, no solo relacionadas con la salud. Tras el huracán Matthew, la gente perdió sus casas, sus cosechas y el acceso al agua potable. Por ello, las organizaciones humanitarias se centraron en proporcionar refugios temporales, agua potable y alimentos. La Organización Mundial de la Salud identificó correctamente el cólera como una amenaza inmediata, dado que puede provocar grandes epidemias y una alta mortalidad. Mis investigaciones demostraron que, en ocasiones, incluso una respuesta bien coordinada puede ocultar importantes problemas de salud cuando la atención de todos se centra en una sola enfermedad.