Los bibiónidos (Bibionidae) pueden tener cierto parecido con los tábanos, conocidos por su agresividad y por alimentarse de sangre, pero ahí terminan las similitudes: estos insectos son completamente inofensivos y se alimentan de néctar. Un ejemplo llamativo dentro de esta familia es el género Bibio, reconocido por sus cuerpos de un negro azabache profundo y sus alas ahumadas y oscurecidas. Mientras sus larvas reciclan enormes cantidades de nutrientes al devorar madera podrida y hojas en descomposición, los adultos se lanzan al aire en espectaculares enjambres primaverales. Si observas de cerca a un macho de esta familia, notarás un par de ojos compuestos excepcionalmente grandes y bulbosos que dominan por completo su cabeza. Esta característica exagerada les permite localizar rápidamente a las hembras (que tienen la cabeza mucho más pequeña) durante sus caóticas danzas de cortejo aéreo. A pesar de su dramático comportamiento de enjambre, los adultos no poseen aguijón ni muerden. Al carecer de piezas bucales para perforar la piel, pasan sus breves vidas adultas libando pacíficamente néctar, polen y savia de las plantas.





