Les presento a la Neria cibaria, un peculiar insecto perteneciente a la familia de las moscas patilargas (Micropezidae). Habitual de las cercanías de arroyos y bosques húmedos europeos, esta mosca luce unas patas extraordinariamente largas que elevan su cuerpo por encima del suelo, una ingeniosa adaptación que la ayuda a mantenerse fresca en el microclima cálido y húmedo del sotobosque. Para disuadir a los depredadores, suelen realizar una danza moviendo las patas que imita a la perfección el comportamiento de una avispa picadora o una hormiga alerta. A pesar de su silueta zancuda, los adultos miden unos modestos 7 u 8 milímetros y son cazadores feroces. Persiguen a pequeños insectos de cuerpo blando como los pulgones y complementan su dieta con melaza dulce, mientras que sus larvas subterráneas actúan como descomponedores vitales, alimentándose de hongos y materia vegetal en descomposición. Me topé con esta extravagante mosca en un camping sueco, atrapándola in fraganti mientras devoraba a un pequeño insecto volador sobre el follaje.





