La mosca del sol (Helophilus pendulus), cariñosamente conocida como la mosca futbolista, es uno de los insectos más encantadores y reconocibles de Europa. Luciendo llamativas rayas verticales negras y amarillas en el tórax que recuerdan a una camiseta de fútbol retro, esta colorida visitante de los prados es un auténtico deleite para la fotografía. A pesar de pertenecer a la familia de las moscas cernidoras, esta especie no pasa mucho tiempo suspendida en el aire. En su lugar, vuela con un estilo lento y pausado, prefiriendo pasear por las hojas o tomar el sol en los claros. Cuando descansa tranquilamente, ¡incluso emite un zumbido suave y constante que suena sospechosamente a ronquidos! Mientras que en la mayoría de estas moscas los ojos de los machos se juntan en la parte superior de la cabeza, la mosca del sol rompe las reglas: tanto machos como hembras mantienen sus ojos separados. Sus larvas acuáticas, conocidas como «gusanos de cola de rata», viven en lodo orgánico y usan una larga cola telescópica a modo de tubo de buceo para respirar. Al llegar a la edad adulta, se alejan del agua para alimentarse del néctar de hiedras, arbustos y flores silvestres. Me topé con esta encantadora concursante —¡lista para ganar el certamen de «Miss Mosca Cernidora»!— en un vistoso prado lleno de flores cerca de Barkarby, Suecia.





