El género Lissomus pertenece a la familia de los escarabajos clic (Elateridae) y forma parte de la subfamilia Lissominae, habitando principalmente entornos tropicales y subtropicales. Los adultos ostentan un cuerpo excepcionalmente ovoide y muy convexo, diseñado como una auténtica fortaleza en miniatura. Para protegerse, cuentan con profundas hendiduras (fosas) y surcos especializados que les permiten retraer por completo sus patas y antenas, acoplándolas perfectamente a su cuerpo. Como todos los elatéridos, poseen un fascinante mecanismo de resorte: una púa rígida en el prosterno que encaja a presión en una ranura bajo el pecho. La liberación violenta de esta tensión los lanza por los aires, permitiéndoles darse la vuelta si caen de espaldas o escapar de un depredador en un abrir y cerrar de ojos. Por su parte, sus robustas larvas pueden pasar varios años desarrollándose bajo la corteza de árboles en descomposición, alimentándose de madera podrida o depredando a otros insectos xilófagos. Me topé con este intrigante escarabajo entre el denso follaje del bosque protegido La Perla en julio de 2024.





