Les presento al Lygistopterus sanguineus, un llamativo escarabajo de alas reticuladas de color rojo carmesí perteneciente a la familia Lycidae. Distribuida por toda Europa y parte de Asia, esta especie forestal posee un fascinante mecanismo de defensa: su brillante coloración roja es un claro ejemplo de aposematismo, una advertencia visual que avisa a aves y otros depredadores de que es altamente tóxico y desagradable al paladar. Mientras que sus larvas son feroces depredadoras que cazan pequeños invertebrados en la madera en descomposición, los adultos cambian de dieta por completo al madurar, pasando a alimentarse pacíficamente de savia y néctar. Estrechamente vinculados a los bosques caducifolios húmedos, es común ver a los adultos caminando sin prisa sobre el follaje o posados en las flores cerca de troncos podridos de roble o haya. Durante mi cicloviaje a lo largo de la costa del mar Báltico, este escarabajo resultó imposible de pasar por alto, regalándome varios encuentros vibrantes en diversas zonas boscosas tanto de Suecia como de Finlandia.





