Les presento al escarabajo Phratora vitellinae, un pequeño escarabajo de hojas de entre 4 y 5 milímetros que se encuentra ampliamente distribuido por Europa. Tanto los adultos como las larvas se alimentan vorazmente de las hojas de chopos y sauces. En una brillante hazaña de química evolutiva, estos escarabajos secuestran el mecanismo de defensa natural del propio sauce: absorben la salicina tóxica de la planta y la convierten en salicilaldehído, un líquido volátil y de olor pestilente. Al verse amenazadas por depredadores como las arañas, las larvas excretan esta sustancia química a través de glándulas dorsales, creando una gota protectora en sus espaldas. Durante las explosiones demográficas, pueden convertirse en plagas graves, esqueletizando las hojas hasta que el follaje parece completamente chamuscado. Pasan el invierno como adultos resguardados en las grietas de la corteza y la madera muerta, listos para emerger en primavera. Me topé con estos escarabajos varias veces durante mi viaje en bicicleta por las costas de Suecia y Finlandia. Dependiendo de los cambios en la luz natural, sus élitros metálicos cambiaban mágicamente entre tonos bronce, cobre, verde y azul intenso. Durante un encuentro, incluso logré captar una imagen íntima de una pareja en pleno apareamiento, cuando el macho parecía tener un color diferente al de la hembra.





