Aunque la mayoría de los escarabajos soldado evocan estampas de praderas cálidas de verano, el coracero negro (Cantharis obscura) y su linaje esconden un secreto formidable contra las heladas. A pesar de que me topé con estos elegantes coleópteros de 9 a 13 mm bajo el sol de junio durante mi cicloviaje por el golfo de Botnia, sus larvas subterráneas son famosas por una asombrosa resistencia al frío, siendo capaces de caminar activamente sobre la nieve en pleno invierno. En los adultos, sus esbeltos cuerpos de color negro azabache solo se ven interrumpidos por un sutil toque anaranjado en los bordes de su escudo cervical. Esta especie está tan bien adaptada a su entorno que resulta idéntica a su pariente, la Cantharis paradoxa; de hecho, su parecido es tan extremo que los expertos deben recurrir al análisis microscópico para diferenciarlas. A lo largo de mi travesía de un mes por Suecia y Finlandia, me crucé con innumerables escarabajos soldado, sin poder distinguir inicialmente una especie de otra. Fue sólo más tarde, al revisar mis fotografías y preparar estas publicaciones, cuando las diferencias entre especies y géneros se hicieron más claras. Descubrir la verdadera identidad de estos robustos y distinguidos cazadores invernales no ha hecho más que profundizar mi admiración por cómo enriquecen los paisajes del norte.





