Aunque la mayoría de las personas asocian a las moscas con plagas domésticas, la mosca de la angélica (Phaonia angelicae) es una pariente silvestre y refinada que evita las casas. Con un tamaño mediano muy vistoso, pasa sus días revoloteando en los bordes soleados del bosque y en los prados, sin mostrar el menor interés por las cocinas ni la comida humana. Debe su nombre a su predilección por los ramos de flores blancas en forma de sombrilla del angélica y el perifollo. Además, cuenta con un comportamiento muy curioso al comer: en lugar de solo beber néctar, utiliza sus patas delanteras cubiertas de cerdas para «rastrillar» el polen directamente hacia su boca. Sin embargo, sus crías llevan una vida mucho más voraz: ocultas bajo la tierra húmeda y la hojarasca, sus larvas son feroces depredadoras de otros pequeños insectos. Me topé con este ejemplar descansando sobre el tronco de un árbol. Sabiendo lo rápido que pueden salir volando, solo logré hacer un único disparo con la cámara, ¡pero la suerte estuvo de mi lado y la foto quedó con una nitidez y una composición espectaculares!





