Ataviada con un elegante cuerpo negro en contraste con unas brillantes patas de color naranja, la avispa Pimpla rufipes es una cazadora solitaria que no pasa desapercibida. Con un tamaño de 10 a 15 milímetros, las hembras lucen una llamativa estructura en forma de aguja al final de su abdomen. Lejos de ser un aguijón para picar, se trata de un ovipositor diseñado exclusivamente para depositar sus huevos. Estas avispas son nómadas y solitarias, por lo que no construyen avisperos ni viven en colonias. Las hembras rastrean orugas y crisálidas de mariposa para depositar un huevo en su interior, garantizando alimento para la futura larva. Para localizar presas ocultas entre la vegetación o la madera, las hembras realizan una fascinante «danza»: tamborilean sus antenas rítmicamente sobre las hojas para detectar diminutas vibraciones. De adultas, se alimentan pacíficamente de néctar y polen, especialmente en flores en forma de sombrilla. Me he cruzado con estas vistosas avispas varias veces en prados y bosques en las afueras de Akalla, Suecia. Observar el movimiento constante de sus antenas mientras exploran las plantas es un auténtico espectáculo, ¡aunque su energía inagotable hace que conseguir una foto totalmente nítida sea un verdadero reto!





