Pocos insectos dominan el arte del engaño como el chinche de las hormigas (Alydus calcaratus). Durante su etapa juvenil, las ninfas se ven y se desplazan exactamente como hormigas, un ingenioso camuflaje que convence a los depredadores de dejarlas en paz. ¡Su imitación es tan perfecta que a veces se las encuentra viviendo tranquilamente dentro de los propios hormigueros! Al alcanzar la edad adulta, su estrategia cambia por completo. Se convierten en excelentes voladoras y, al emprender el vuelo, despliegan una mancha de color naranja brillante oculta en la parte superior de su abdomen, imitando la apariencia de una avispa para asustar a cualquiera que intente atacarlas. Aunque se alimentan principalmente de semillas de leguminosas, también tienen un hábito carroñero inesperado, consumiendo restos animales y excrementos. Les encantan los espacios abiertos, cálidos y soleados como brezales y zonas arenosas. En una tarde soleada, me topé con docenas de estos discretos pero fascinantes chinches en un amplio prado cerca de Akalla, Suecia.





