Con su cabeza alargada en forma de cono proyectada hacia adelante, Stenocranus minutus parece una diminuta nave espacial posada sobre una hoja de hierba. Con un tamaño de apenas unos milímetros, este delicado insecto semitransparente es un maestro del camuflaje que se confunde a la perfección con la vegetación. Más allá de su llamativo perfil, este pequeño insecto ocupa un lugar de honor en la historia de la entomología: en 1866, el científico Franz Xaver Fieber lo eligió como el modelo de referencia definitivo para definir todo el género Stenocranus de la familia de chicharritas con espolón (Delphacidae). Además, las hembras demuestran una curiosa protección maternal: al poner sus huevos entre las hojas de las gramíneas, los cubren con un polvo de cera especial para evitar que se sequen o sean devorados por depredadores. A diferencia de muchos insectos que mueren antes del frío, estas resistentes chicharritas pasan todo el invierno hibernando como adultos formados, despertando con los primeros días cálidos de la primavera para aparearse. Me topé con este diminuto y translúcido ejemplar en un bosque cerca de Barkarby, Suecia.





