Mientras exploraba los húmedos senderos del parque municipal de Puyo, en Ecuador, divisé a un gran insecto aferrado a un arbol. Estaba completamente inmóvil que me permitió fotografiarlo con facilidad. Fue más tarde, al revisar las tomas macro y hacer zoom, cuando la espeluznante verdad salió a la luz: una serie de extrañas protuberancias polipoides brotaban de su cuerpo. Aunque es difícil identificar al hospedador con absoluta certeza, todo apunta a que se trata de un gran grillo que fue víctima de un hongo parásito del género Ophiocordyceps. Este célebre «hongo zombie» invade lentamente los tejidos internos del insecto hasta secuestrar su sistema nervioso. En un último acto de control mental, el hongo obliga a su sentenciado huésped a trepar hacia un punto elevado y anclarse firmemente. Una vez que el insecto muere, los cuerpos fructíferos rompen el exoesqueleto, liberando una lluvia de esporas desde las alturas para infectar a la siguiente generación.





