Les presento a la mariquita asiática multicolor (Harmonia axyridis), o mariquita arlequín, una voraz depredadora capaz de devorar hasta 100 pulgones al día. Antes de alcanzar su icónica forma de escarabajo, sus larvas parecen diminutos caimanes espinosos de color negro y naranja: monstrúitos sumamente agresivos que devoran cientos de plagas antes de pasar a la fase de crisálida. Aunque fueron introducidas intencionadamente en todo el mundo como un arma de biocontrol ecológica, terminaron rebelándose. Hoy en día, compiten ferozmente hasta desplazar a las especies nativas de mariquitas e invaden los hogares en enjambres masivos durante el otoño. Por si fuera poco, poseen un desagradable mecanismo de defensa: cuando se estresan, secretan por sus articulaciones un fluido amarillo de olor fétido que mancha fácilmente telas y paredes. Pero si bien son una bendición para los agricultores, son una auténtica maldición para los viticultores. Si estas mariquitas se cosechan y trituran accidentalmente junto con las uvas, ¡sus apestosas secreciones químicas pueden arruinar por completo el sabor de una producción entera de vino! Me topé con este hermoso pero polémico escarabajo en el jardín de la casa de campo de mi familia en Serock, Polonia.





