Les presento al gran gorgojo del pino (Hylobius abietis), un habitante sumamente célebre en el mundo forestal europeo. Este robusto escarabajo es una de las plagas más importantes de las coníferas y posee un olfato impresionante, capaz de detectar el aroma de los tocones de árboles recién cortados a kilómetros de distancia, los cuales busca para refugiarse y desovar. A diferencia de muchos otros insectos de vida efímera, los adultos son increíblemente resistentes y presumen de una asombrosa longevidad de hasta cuatro años. Sin embargo, sus hábitos alimenticios son devastadores para los bosques jóvenes. En lugar de devorar las hojas, muerden la corteza alrededor del tallo de los árboles jóvenes hasta formar un anillo. Este proceso funciona como un cinturón demasiado apretado: interrumpe el flujo de nutrientes hacia las raíces y termina por matar al árbol. Pero que no les engañe su destructiva reputación; cuando se ven acorralados, son unos auténticos actores de drama. Mientras descansaba durante un viaje en bicicleta por la costa este de Suecia, divisé a este gran gorgojo paseando por un banco. En cuanto me acerqué, desplegó al instante su truco teatral favorito: la tanatosis. Se desplomó dramáticamente sobre su espalda, encogió las patas y se hizo el muerto. Para poder fotografiarlo, tuve que ponerlo de pie con mucho cuidado y armarme de paciencia hasta que decidió que la función había terminado y volvió a caminar.





