Les presento a la efímera común (Ephemera vulgata), un insecto fascinante común en Europa y partes de Asia que lleva el concepto de «vivir el momento» a un extremo verdaderamente brutal. Estas criaturas pasan la gran mayoría de su vida—hasta dos años—sumergidas en el agua en estado de ninfa, ocultas en madrigueras tubulares de lodo o arena en el fondo de estanques y ríos de corriente lenta. Para sobrevivir en el ambiente con poco oxígeno de los sedimentos fangosos, las ninfas agitan branquias plumosas en sus abdómenes, actuando como diminutas bombas biológicas que generan una corriente constante de agua fresca y oxigenada a través de sus túneles. Pero su transición al aire es donde la biología se vuelve asombrosa. Las efímeras son de los pocos insectos que poseen una etapa alada previa a la edad adulta llamada subimago. Emergen del agua con alas, vuelan hacia la vegetación de la orilla y mudan una última vez para convertirse en adultos del todo maduros (imago). Una vez que alcanzan esta etapa final, carecen por completo de aparato bucal y de sistema digestivo. Literalmente, no pueden comer. Condenados a vivir únicamente de las reservas de energía acumuladas durante su juventud, tienen solo unas pocas horas o un par de días para aparearse antes de morir de inanición. Para lograrlo, los machos realizan hipnóticas «danzas nupciales» aéreas, subiendo y bajando en grandes enjambres donde las hembras se adentran para aparearse en pleno vuelo. Durante mi largo viaje de cicloturismo por Suecia y Finlandia, vi muchas de estos enjambres a lo largo de las orillas de los lagos, y tuve la gran suerte de ver a esta efímera caer del cielo para descansar durante un par de minutos cruciales, dejándome tomar unas fotografías bonitas.
Cayendo del cielo: Un afortunado encuentro con una efímera junto a un lago sueco
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