Les presento a Suillia bicolor, una diminuta mosca tolerante al frío que pertenece a la familia de las moscas de alas espinadas (Heleomyzidae). Con apenas 5 milímetros de longitud, este pequeño habitante del bosque es fácil de reconocer gracias a su tórax de un llamativo color marrón anaranjado que contrasta hermosamente con su abdomen marrón oscuro. Si quieren encontrarlas, tienen que seguir el rastro de los hongos: sus larvas se alimentan exclusivamente de setas silvestres y materia orgánica en descomposición, lo que significa que los adultos pasan la vida rondando los rincones sombríos y húmedos del bosque donde crecen los hongos. Para identificarlas, los entomólogos buscan el sello distintivo de su familia: una hilera única de diminutas y rígidas espinas que recorre el borde delantero de sus alas. Pero los machos guardan una herramienta oculta aún más extraña: un «gancho» minúsculo en sus patas delanteras que utilizan para sujetarse firmemente a la hembra durante el apareamiento. Vi a esta pequeña especialista en hongos durante una de mis paradas nocturnas en mi viaje de cicloturismo por Suecia.





