Les presento a la crisopa Chrysopa perla, un deslumbrante insecto europeo admirado por sus ojos brillantes como gemas, sus intrincadas alas de encaje y su insaciable apetito por las plagas del jardín. Sus larvas son cazadoras tan implacables que se las conoce popularmente como «leones de los pulgones»; un solo individuo puede consumir hasta 400 pulgones a la semana inyectándoles enzimas paralizantes. Para proteger a su futura prole de estas tendencias caníbales, la hembra deposita sus huevos en el envés de las hojas, suspendiendo cada uno al final de un delicado filamento de seda de 6 a 8 mm para mantenerlos fuera del alcance de sus hermanos ya nacidos. A diferencia de la mayoría de las crisopas adultas que solo consumen néctar, la Chrysopa perla sigue siendo una depredadora parcial que caza pulgones y ácaros, y cuenta además con una defensa química muy pestilente para ahuyentar a enemigos mayores. Me topé con crisopas en varios tamaños durante mi largo viaje en bicicleta por la costa del Báltico en junio de 2026. Debido a que son increíblemente esquivas y propensas a salir volando ante la menor vibración, lograr unas pocas tomas limpias y enfocadas requirió una dosis inmensa de sigilo y paciencia.


