Esta diminuta polilla penacho —posiblemente del genero Amblyptilia spp.— no medía más de 1.5 cm de longitud y permanecía completamente inmóvil, imitando a la perfección una frágil ramita seca. De hecho, su camuflaje era tan impecable que no fue sino hasta que hice zoom en la pantalla de mi cámara para revisar las primeras tomas macro que noté sus diminutos ojos compuestos y me di cuenta de que no se trataba de un fragmento vegetal. Esta familia de polillas (Pterophoridae) es famosa precisamente por esta ilusión óptica. A diferencia de las polillas típicas que pliegan sus alas de forma plana o en forma de tejado sobre el lomo, las polillas penacho descansan con sus estrechas alas extendidas en un ángulo perpendicular rígido respecto a su cuerpo, creando una silueta muy distintiva en forma de «T». Además, sus alas no son membranas continuas, sino que están profundamente divididas en delicadas plumas con flecos que recuerdan a las de un ave. Al descansar, enrollan estas plumas firmemente para minimizar su silueta. Combinando este mimetismo estructural con una inmovilidad absoluta, estas maravillas nocturnas logran desaparecer sin esfuerzo ante la mirada de aves y depredadores durante el día.





