Como maestros de la supervivencia sin alas, los escarabajos del género Lithoblaps, pertenecientes a la familia de los tenebriónidos, están espectacularmente adaptados a los paisajes áridos y hostiles. Cuando se sienten amenazados, realizan una llamativa posición de cabeza y expulsan un líquido oscuro y de olor penetrante, cargado de hidrocarburos y quinonas defensivas. Para desplegar con precisión este arma química, utilizan un mucro, una prominente punta fuertemente alargada en el ápice de su abdomen. Esta potente secreción funciona como un excelente disuasorio contra los depredadores, aunque puede dejar manchas rebeldes y duraderas en la piel humana. Me topé con este fascinante y robusto espécimen mientras recorría las arenas bañadas por el sol de una playa en la Ilha Deserta en Faro, Portugal.





