Les presento al escarabajo tejedor (Lamia textor), un robusto e imponente escarabajo longihornio (familia: Cerambycidae) que destaca por su armadura negra, rugosa y un considerable tamaño de entre 15 y 32 milímetros de longitud. Presente en Europa y el norte de Asia, este gigante nocturno protagoniza rituales de apareamiento sumamente dramáticos: los machos utilizan sus gruesas antenas en forma de «Y» como auténticas palancas para luchar, voltear y desplazar a sus rivales en la disputa por las hembras. Estas, por su parte, atraen a sus pretendientes desde grandes distancias liberando potentes feromonas. Por desgracia, este magnífico insecto atraviesa una silenciosa crisis. Sus larvas pasan de dos a cuatro años perforando las raíces sumergidas de sauces y álamos. Debido a la regulación de los cauces de los ríos y a la destrucción de los bosques de sauce inundables en Europa, el escarabajo tejedor se ha vuelto extremadamente raro, llegando a extinguirse a nivel local en muchos países. Tuve un golpe de suerte asombroso cuando divisé a este espléndido ejemplar en mitad del asfalto, ¡estuve a punto de aplastarlo con mi bicicleta! Tras frenar y armar mi equipo macro en un tiempo récord, encontré al escarabajo inmóvil, probablemente conmocionado por nuestro inesperado encuentro. Para protegerlo de los coches, lo trasladé con cuidado fuera de la calzada. Me agradeció el gesto quedándose completamente quieto durante más de 10 minutos, lo que me permitió capturar algunas fotos nítidas y bonitas.





