Los escarabajos tigre son absolutas maravillas del mundo de los insectos. Aunque en el pasado se clasificaban en su propia familia independiente, hoy en día se reconocen como una rama especializada de la familia de los carábidos (Carabidae). Son los depredadores por excelencia: perpetuamente en movimiento, alternando sin esfuerzo entre ráfagas de velocidad a pie y vuelos cortos y rápidos. Guiados por unos ojos grandes que les proporcionan un amplio campo de visión, utilizan sus formidables mandíbulas en forma de tijera para atrapar a sus presas en un abrir y cerrar de ojos. En la playa soleada de Ilha Deserta, en Faro, Portugal, miles de escarabajos tigre de la costa (Cicindela littoralis) patrullaban activamente la línea de costa, donde el océano depositaba constantemente restos de materia orgánica. Era una danza hipnotizante: a medida que cada ola se retiraba, una oleada de escarabajos corría hacia la arena brillante recién descubierta para buscar alimento, solo para emprender el vuelo segundos después, justo cuando la siguiente pared de agua rompía con fuerza. Capturarlos en la cámara fue una verdadera prueba de resistencia. Pasé más de una hora tumbado completamente boca abajo e inmóvil sobre la arena. Finalmente, mi persistencia valió la pena; unos pocos individuos se detuvieron el tiempo suficiente para que yo pudiera hacer mis fotos, tal vez curiosos por un momento ante aquella extraña forma inmóvil que de repente se había convertido en parte de su territorio.





