Les presento a la libélula azul (Calopteryx splendens), un caballito del diablo de un tamaño grande que patrulla los márgenes de los ríos de corriente lenta en Europa y Asia. Los machos son una auténtica obra de arte iridiscente, exhibiendo cuerpos de un azul metálico y anchas franjas oscuras en las alas, mientras que las hembras irradian un brillante verde esmeralda. Rompiendo las reglas del vuelo típico de los odonatos, estos gigantes no se desplazan en ráfagas rápidas y agresivas, sino que poseen un aleteo delicado y pausado que recuerda al de una mariposa. Los machos defienden con ferocidad sus territorios fluviales, realizando elaboradas danzas aéreas con las alas entreabiertas para cortejar a las hembras. Si el despliegue tiene éxito, la pareja se entrelaza en una clásica «rueda» copulatoria circular. Posteriormente, la hembra utiliza su ovipositor de precisión para inyectar los huevos directamente en los tallos de las plantas sumergidas, donde las ninfas se desarrollarán bajo el agua hasta por dos años. Durante un paseo matutino en mi camping junto al río en Finlandia, esta magnífica hembra fue la tercera y última especie de caballito del diablo que capturé con mi cámara, coronándose como la más grande, dramática e indiscutible joya de la mañana.





