Les presento al caballito celeste (Platycnemis pennipes), un pequeño y llamativo odonato cuyo territorio se extiende desde el Atlántico hasta Siberia. Esta especie es fácilmente reconocible por sus patas blancas, ensanchadas y plumosas, que desempeñan un papel fundamental en un fascinante cortejo aéreo. A diferencia de la mayoría de los caballitos del diablo, que pliegan las patas contra el cuerpo en vuelo para mejorar su aerodinámica, los machos de esta especie las dejan colgar deliberadamente en el aire para marcar territorio ante sus rivales y atraer a las hembras. Poseen una cabeza notablemente más ancha que otros caballitos azules; los machos lucen un abdomen azul pálido, mientras que las hembras visten tonos más discretos de verde amarillento. Al preferir aguas de corriente lenta y densa vegetación, se encuentran muy a gusto en las orillas fluviales. Me topé con este hermoso ejemplar en un camping junto a un río en Finlandia, compartiendo exactamente el mismo tramo de ribera con otras dos especies distintas de caballitos del diablo en la misma mañana. Documentar semejante explosión de diversidad ribereña bajo el sol matutino fue uno de los momentos más memorables de la ruta.





