Con una longitud de 34 a 39 mm, el caballito de invierno (Sympecma fusca) sustituye los brillantes azules y rojos de otras libélulas por un discreto camuflaje pardo cobrizo. Tonalidades tierra y grises le permiten mimetizarse a la perfección entre la hierba seca y las cañas. Es una de las dos únicas especies de odonatos en Europa capaces de sobrevivir a los meses fríos en fase adulta, lo que permite verla volar en cualquier época del año. En otoño, los adultos abandonan los medios acuáticos para hibernar en lugares secos y protegidos como la hojarasca, brezales y linderos de bosques. A diferencia de otros miembros de su familia, descansa con sus cuatro alas plegadas juntas a lo largo de un costado del abdomen. Tras emerger a finales del verano y resistir el invierno, se reproducen en la primavera siguiente, entre abril y mayo. Tuve la suerte de encontrarme con este fascinante insecto en varios puntos durante un paseo soleado por las afueras de Akalla, Suecia.





