Les presento a la mosca cernidora Episyrphus balteatus, un pequeño insecto de vibrantes rayas que resulta muy familiar y bienvenido en los jardines europeos. Se gana su curioso nombre común en inglés (“mosca de la marmelada”) por las franjas naranjas y negras, alternativamente gruesas y delgadas, de su abdomen, que recuerdan a los trozos de fruta de la mermelada de naranja. Estas moscas son auténticas maestras del aire: capaces de quedarse suspendidas en el espacio como un helicóptero en miniatura y de cambiar a la marcha atrás o volar de lado en un abrir y cerrar de ojos para esquivar amenazas. Mientras los adultos son polinizadores vitales que pasan sus días libando néctar, sus larvas son depredadoras implacables; una sola puede devorar cientos de pulgones que dañan las plantas. Sorprendentemente, miles de millones de estos diminutos insectos realizan migraciones masivas por toda Europa cada año, llegando incluso a cruzar el canal de la Mancha en enormes enjambres. Me crucé con esta hermosa mosca cernidora en varias ocasiones durante mis viajes por Polonia y Suecia, confundiéndola al principio con otras especies muy parecidas hasta que una mirada más cercana reveló su inconfundible patrón de mermelada.





